Imaginense a Jaime, un pequeño niño, que por azares del destino despertó en medio de una película de ciencia ficción, viaja junto con otros tantos en una nave espacial a miles de años luz de cualquier destino conocido. Perdidos.
Es una nave enorme, una nave de carga llena de compartimentos, de salas especiales, de bodegas, exclusas, motores, estabilizadores, computadoras y armas. Lo que es limitado son los víveres, el aire y sobre todo la energía.
La nave cuenta con energia para mantenerse funcionando cierto tiempo, pero no sería suficiente ni para moverse al siguiente sistema. Y en este todo está muerto, no hay planetas con vida, no hay recursos para terraformarlos. Todo está perdido. A menos que tomen las naves salvavidas y las modifiquen, con eso podrían llegar a los siguientes sistemas. Las modificaciones les dejarian con dos naves que podrían hacer estos saltos, en cada una de ellas pueden ir 6 tripulantes, garantizando su supervivencia. Ellos son 14. Al menos son los que quedan.
De esos catorce sobrevivientes al menos 2 pueden hacerse llamar medicos, 4 jóvenes pilotos, incluyendo al capitán, 2 mecánicos, 1 cientifico experto en terraformación, 1 genio de las computadoras, 1 botánica, 2 soldados modificados genéticamente para tener el rendimiento de una pequeña cuadrilla de guerreros, 1 pequeña niña con el Don de la Clarividencia, 1 anciano que esta a minutos de morir en la sala de aislamiento gracias a una extraña enfermedad y Jaime.
Jaime no puede hacer suturas ni prescribir medicamentos, no puede pilotar una nave, no puede repararlas ni programarlas, no tiene conocimientos de como hacer crecer una planta ni de las propiedades que podría tener alguna, no es un guerrero, no tiene ninguna habilidad especial. Es medio ciego y recíen se ha herido una pierna mientras escapaba de un visitante con sangre de ácido. El sabe cuantos lugares están disponibles y no es ningún tonto.
Puede ver como lo ven de reojo cuando piensan que no los ve. Recien hace unas horas soprendió a la botánica viéndolo dormir, con una mezcla de pena por él y alivio de tener ella un conocimiento valioso. Un poco después alcanzó a escuchar que el capitán mencionaba que sería un acto misericorde no dejar nadie vivo en la nave al abandonarla.
Los lugares aún no están definidos y el viaje ha de continuar, es solo que Jaime tiene la certeza de en que acabará este cuento.
Hoy me siento como Jaime.
Es una nave enorme, una nave de carga llena de compartimentos, de salas especiales, de bodegas, exclusas, motores, estabilizadores, computadoras y armas. Lo que es limitado son los víveres, el aire y sobre todo la energía.
La nave cuenta con energia para mantenerse funcionando cierto tiempo, pero no sería suficiente ni para moverse al siguiente sistema. Y en este todo está muerto, no hay planetas con vida, no hay recursos para terraformarlos. Todo está perdido. A menos que tomen las naves salvavidas y las modifiquen, con eso podrían llegar a los siguientes sistemas. Las modificaciones les dejarian con dos naves que podrían hacer estos saltos, en cada una de ellas pueden ir 6 tripulantes, garantizando su supervivencia. Ellos son 14. Al menos son los que quedan.
De esos catorce sobrevivientes al menos 2 pueden hacerse llamar medicos, 4 jóvenes pilotos, incluyendo al capitán, 2 mecánicos, 1 cientifico experto en terraformación, 1 genio de las computadoras, 1 botánica, 2 soldados modificados genéticamente para tener el rendimiento de una pequeña cuadrilla de guerreros, 1 pequeña niña con el Don de la Clarividencia, 1 anciano que esta a minutos de morir en la sala de aislamiento gracias a una extraña enfermedad y Jaime.
Jaime no puede hacer suturas ni prescribir medicamentos, no puede pilotar una nave, no puede repararlas ni programarlas, no tiene conocimientos de como hacer crecer una planta ni de las propiedades que podría tener alguna, no es un guerrero, no tiene ninguna habilidad especial. Es medio ciego y recíen se ha herido una pierna mientras escapaba de un visitante con sangre de ácido. El sabe cuantos lugares están disponibles y no es ningún tonto.
Puede ver como lo ven de reojo cuando piensan que no los ve. Recien hace unas horas soprendió a la botánica viéndolo dormir, con una mezcla de pena por él y alivio de tener ella un conocimiento valioso. Un poco después alcanzó a escuchar que el capitán mencionaba que sería un acto misericorde no dejar nadie vivo en la nave al abandonarla.
Los lugares aún no están definidos y el viaje ha de continuar, es solo que Jaime tiene la certeza de en que acabará este cuento.
Hoy me siento como Jaime.
1 personas me contradicen:
nice plot, make it into a story, come on! you know you want it badly! ;)
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